Lluc Poy

Psicólogo · Psicoterapeuta en la Vall d’Uixó

Reforzar la autoestima

“No me siento bien conmigo mismo, no tengo autoestima, es lo que todo el mundo me dice”.

Esta es una frase frecuente. A veces aparece como una explicación rápida a un malestar que cuesta poner en palabras; otras, como una etiqueta que se repite sin que la persona tenga del todo claro qué significa.

¿Cómo podemos aprender a valorarnos? Las circunstancias y la manera de ser de cada persona son únicas, no existe un remedio universal para quererse a uno mismo. La única manera de hacerlo pasa por tener en cuenta la historia personal de cada individuo y por aprender a reconocer las capacidades que tenemos, nuestros puntos fuertes, pero también nuestras limitaciones. En ese proceso aprendemos a conocernos y a entendernos; quizá también a ser más pacientes y tolerantes con nosotros mismos. No somos perfectos ni tenemos que serlo.

A menudo se confunde la autoestima con sentirse bien todo el tiempo, con seguridad constante o con una imagen positiva sin fisuras. Sin embargo, la autoestima no consiste en eliminar la duda, la inseguridad o la autocrítica, ni en compararse con los demás y salir ganando. Tiene más que ver con cómo nos tratamos cuando las cosas no salen como esperábamos, cuando dudamos o cuando nos sentimos vulnerables.

La manera en que nos valoramos no aparece de la nada. Se va construyendo a lo largo de nuestra historia, en relación con las experiencias vividas y con los vínculos significativos. Cómo fuimos mirados, escuchados, exigidos o sostenidos deja huella en la forma en que hoy nos relacionamos con nosotros mismos. Por eso la autoestima no es algo fijo: puede cambiar, moverse, fortalecerse o debilitarse según los momentos vitales y las relaciones que atravesamos.

También crecemos y ganamos confianza cuando afrontamos aquellas cosas que solemos posponer, cuando dejamos de ponernos excusas. No se trata de hacerlo todo bien ni de cumplir expectativas externas, sino de poder hacernos cargo de lo que nos cuesta. La evitación, aunque a corto plazo alivie, suele mantener una sensación interna de incapacidad.

Hay momentos en los que no sabemos ni qué queremos ni qué necesitamos para continuar con nuestro desarrollo personal. Esto no es un fallo ni una carencia; muchas veces es el resultado de haber vivido demasiado tiempo adaptándonos a lo que se esperaba de nosotros. En esos momentos, más que decidir rápido, quizá sea necesario parar, mirarnos y reflexionar.

La psicoterapia puede ofrecer un espacio para este proceso. No para “subir la autoestima” como si fuera un síntoma aislado, sino para comprender cómo se ha ido construyendo la relación con uno mismo y qué dificultades aparecen en ella. Desde ahí, poco a poco, pueden abrirse otras maneras de estar con uno mismo y con los demás, más propias y más habitables.