Lluc Poy

Psicólogo · Psicoterapeuta en la Vall d’Uixó

Esperanza y vida en el siglo XXI

Vivir en un tiempo de incertidumbre

Leer las noticias o escuchar lo que ocurre en el mundo puede generar la sensación de navegar en un río de agua estancada y turbia. Y, por si fuera poco, parece que mañana habrá tormenta.

Esta imagen refleja el miedo y la angustia que aparecen cuando nos dejamos arrastrar por un ambiente cargado de malas noticias y previsiones negativas.

Informarse sí, pero sin perder el foco

No se trata de vivir de espaldas a la realidad. Es importante saber qué ocurre y no olvidar las necesidades de quienes más sufren, que cada vez son más.

Ahora bien, sin caer en un falso optimismo, tampoco debemos pensar que la catástrofe es inminente. La pandemia nos demostró que los cambios pueden llegar de golpe, pero también que somos capaces de adaptarnos y encontrar nuevas formas de vivir.

¿Qué nos queda para sostenernos?

Después de momentos difíciles, la pregunta es inevitable: ¿dónde podemos agarrarnos?

No hay respuestas universales. Cada persona debe encontrar sus propias fuentes de fuerza y sentido. Pero hay un elemento que puede marcar la diferencia: tener un proyecto vital.

El valor de un proyecto vital

Puede ser un trabajo con significado, una causa que nos motive o un sueño personal que nos inspire.

Cuando tenemos algo con lo que nos identificamos profundamente, es más fácil mantener viva la esperanza, incluso en tiempos de incertidumbre. Ese hilo invisible nos recuerda cada día qué es lo que realmente importa.