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La Psicoterapia Relacional

El texto explica de una forma llana y personal algunos conceptos esenciales del punto de vista relacional en la psicoterapia.

La primera vez que oí hablar de la Psicoterapia Relacional fue en una entrevista a Ramón Riera, psiquiatra y terapeuta en consulta privada desde 1990. Hablaba de su experiencia profesional, de los distintos enfoques terapéuticos con los que había trabajado, decía que lo que le había movido a explorar nuevas técnicas y orientaciones para el trabajo terapéutico era la búsqueda de la eficacia, ser más eficaz con los pacientes. Así es como él había llegado a la práctica de la Psicoterapia Relacional.

Yo me había licenciado en Psicología hacia unos años y había asistido a los seminarios que realizaba el Colegio de Clínica Psicoanalítica de Valencia. Había profundizado en el estudio de Freud y Lacan, junto a otros autores lacanianos. Me pasó un poco como a Riera, pacientes que no evolucionaban con las teorías que conocía me obligaban a seguir indagando. Me preocupaba el papel de la emoción, que para Lacan no tenía ninguna importancia. El inconsciente está estructurado como un lenguaje; lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario… cuestiones que daban mucho que pensar pero difíciles de llevar a la práctica.

Conocí el Instituto de Psicoterapia Relacional y a Alejandro Ávila y empecé a trabajar con él. Alejandro Ávila es una eminencia en el mundo de la Psicología así que yo estaba al principio bastante impresionado. La manera en la que me acogió fue en sí misma un aprendizaje. Acoger, escuchar activamente, acompañar a la persona en sus dificultades y ayudarla a crecer son para mi algunas de las actitudes básicas de todo buen psicoterapeuta. Al final los psicoterapeutas trabajamos con lo que tenemos, también nuestra personalidad. Debemos ser capaces de darnos cuenta de nuestra propia implicación en la terapia, de la misma manera que decimos a los pacientes que lo que les pasa en la vida les afecta podemos decir que lo que pasa en la terapia nos afecta, tanto a paciente como a terapeuta. Esto entra de lleno en la manera de trabajar de un psicoterapeuta relacional, atender a la forma en la que se relaciona el paciente, cómo se relaciona consigo mismo y con los demás.

Desde el nacimiento empezamos a tener experiencias de relación, vamos aprendiendo junto a las personas que nos cuidan maneras de relacionarnos. El modo en que construimos las posteriores relaciones en la vida tiene mucho que ver con ese conocimiento relacional implícito, eso que habíamos aprendido y que queda almacenado en la memoria de procedimiento. También lo podemos ver en la relación de paciente y terapeuta, la observación de lo que ocurre en las sesiones da la posibilidad de tomar consciencia de la forma en la que nos relacionamos. Ahí empieza el cambio, pero no tanto por la consciencia y la racionalidad sino por la experiencia afectiva vivida, que permite en muchas ocasiones configurar nuevos discursos o discursos alternativos sobre uno mismo.

«¿Quién soy yo?» Que una persona se pueda mirar a sí misma, hablar de sus pensamientos, de sus emociones, de las cosas que le ocurren, ayuda a que gane un mayor conocimiento sobre sí misma, sepa mejor quién es y lo que quiere. En esta línea el trabajo de mentalización puede ser una herramienta muy valiosa para que la persona pueda conectar consigo misma, con sus necesidades reales. La mentalización es una forma de actividad mental imaginativa, que nos permite percibir e interpretar, tanto nuestro propio comportamiento como el comportamiento de otros, en términos de estados mentales, intenciones, deseos, creencias, necesidades, sentimientos, etc.

En la Psicoterapia Relacional nos centramos en la persona, su reconocimiento, el desplegamiento de la subjetividad en la trama de vínculos en los que está presente y tratamos de conseguir un mayor equilibrio emocional, una mayor integración entre aquello que sentimos, pensamos y hacemos.

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